


Las clases en grupo están pensadas para cualquier tutor que quiera establecer las bases necesarias para convivir con un perro educado y equilibrado. No están planteadas como un espacio para trabajar problemas de comportamiento, sino como una forma de prevenirlos: comprendiendo bien al perro y cubriendo sus necesidades como toca.
Todo en grupos reducidos de máximo seis perros, que es lo que permite seguir de cerca cada caso, y alternando espacios interiores y exteriores para que lo aprendido se generalice a contextos reales y no se quede en la pista.
En las sesiones se trabaja:
Los grupos se organizan por etapas y objetivos, para que cada perro trabaje con otros que están en su mismo momento:
1. Valoración previa. Antes de entrar a un grupo vemos cómo está tu perro y qué necesitáis. Sirve para colocarlo donde le corresponde y para detectar si lo que tiene delante no es un tema de grupo.
2. Trabajo individual dentro del grupo. Cada tutor trabaja con su perro, con pautas concretas para su caso. Seis perros es el tope precisamente para que esto sea posible.
3. Ejercicios con los demás presentes. Aquí está el valor de la clase en grupo: no es que los perros jueguen entre ellos, es que aprendan a estar tranquilos y atentos aunque haya otros alrededor.
4. Interior y exterior. Se alternan los espacios para que lo aprendido funcione también fuera, que es donde hace falta.
5. Pautas para la semana. La clase es una hora; la convivencia son las otras ciento sesenta y siete. Sales sabiendo qué trabajar hasta la siguiente.
¿Grupo o individual? Las dos opciones funcionan y se complementan, pero no sirven para lo mismo. El grupo encaja si quieres construir las bases y tu perro se maneja razonablemente bien cerca de otros. Si hay miedo, reactividad o un problema concreto, mejor empezar aparte: un perro que lo pasa mal rodeado de otros no aprende en grupo, aprende que ir a clase es desagradable. Eso se trabaja en modificación de conducta, y muchos perros se incorporan al grupo después — a menudo, entrar al grupo es el objetivo.
Un máximo de seis. Es el número que permite que cada tutor reciba atención de verdad; por encima de ahí, una clase en grupo se convierte en una charla.
Depende de cuánto. Que se active y se recupere es normal y se trabaja. Que lo pase mal, ladre sin parar o no pueda atender, no: ahí el grupo no ayuda, perjudica. Lo vemos en la valoración previa y te decimos con franqueza qué conviene — muchas veces es trabajo individual primero y grupo después.
Cuanto antes mejor, dentro de lo que permita su pauta de vacunación, que la marca tu veterinario. Las semanas de cachorro son las que más rinden de toda su vida y conviene no desaprovecharlas. Lo explicamos en socializar a un cachorro.
No es el objetivo. Un grupo no es un parque canino: lo valioso es justo lo contrario, que tu perro aprenda a estar tranquilo y pendiente de ti aunque haya otros cerca. Eso es lo que luego te sirve en la calle.
En espacios interiores y en exteriores de Vigo y su área metropolitana, alternando. Puedes ver las zonas donde trabajamos.
Tienes que venir tú. Aquí no se adiestra al perro por su cuenta: se os enseña a los dos, y la mayor parte del trabajo la haces tú el resto de la semana. Es el motivo de que lo aprendido se mantenga.
Cuéntanos qué perro tienes y en qué momento estáis, y te decimos qué grupo os encaja — o si os conviene más empezar de otra forma. Trabajamos en Vigo y su área metropolitana: puedes ver las zonas donde trabajamos.










