Con frecuencia, lo que se interpreta como “mal comportamiento” es en realidad la manifestación de necesidades no cubiertas o mal gestionadas. Entender este punto es clave: las conductas no aparecen de forma aleatoria, sino que cumplen una función y responden a un contexto.
Ladridos excesivos, miedo, reactividad, tirones de correa, destrozos en casa, problemas de eliminación, dificultades para adaptarse a distintos entornos o conductas repetitivas son indicadores de que algo en el equilibrio del perro no está funcionando correctamente.